La guerra de precios y el contrato de iguala en la abogacía

artículo original “La guerra de precios y el contrato de iguala en la abogacía”

No vamos a descubrir ahora la importancia jurídica de la concreción del precio y la determinación del objeto en el contrato. Tampoco corresponde adentrarnos en analizar la naturaleza, elementos y fines de la certidumbre contractual; simplemente baste recordar nuestras primeras –y ya lejanas- lecciones de Derecho Romano que nos enseñaron que “cierto” es aquello que en su formulación se expresa el qué, el cuál y el cuánto (“certum est quod ex ipsa pronuntiatione apparet quid quale quantumque sit”) para hacernos una fiel idea de la trascendencia que, desde la perspectiva de su eficacia jurídica, aúna la concreción de los elementos esenciales del contrato.

Actualmente los efectos del presente escenario de crisis económica están dejándose sentir, como no podría ser de otro modo, en los despachos de abogados. Consecuencia de ello es la guerra de precios en la que, en mayor o menor medida, empiezan a verse inmersos con el fin de captar y, lo que es si cabe más importante, retener los clientes.

De esta lucha sin cuartel por hacer desde los bufetes más atractiva la oferta de servicios legales no se libra la principal y más extendida modalidad de prestación de servicios de asesoramiento legal que comúnmente conocemos como iguala.

Existen muchas definiciones del contrato de iguala pero prefiero dos: una atendiendo a su claridad y concisión, sería la aportada por la reciente sentencia de la A.P. de Burgos, de 12/03/2013, EDJ 2013/6979, y la otra atendiendo a su exhaustividad y rigor, la aportada por la sentencia de la A.P. de La Coruña, de 07/12/2007, EDJ 2007/316526, cuando dice: “Este contrato es una modalidad del contrato típico de arrendamiento de servicios previsto en el artículo 1.544 del Código Civil, EDL 1889/1, por el que una persona (física o jurídica) se compromete durante un cierto tiempo a prestar un servicio a cambio de un precio cierto, concreto y determinado de antemano, que el arrendador abonará por períodos establecidos; precio que no será objeto de modificación (salvo exclusiones pactadas) y se abonará con independencia del contenido, importancia o complejidad concreta de los problemas que se planteen dentro de la órbita de los servicios pactados; resultando indiferente la mayor o menor complejidad de los trabajos, que se remuneran con un precio único (la “iguala”), al margen de la complejidad o falta de complejidad de los trabajos, e incluso de si éstos llegan a producirse. Más que la efectiva prestación de un servicio concreto, es la disposición, y obligación, de prestarlo a requerimiento del arrendador”.

Es sin duda la iguala una modalidad contractual muy versátil y polimórfica, utilizada tanto por grandes como pequeños despachos, e igualmente válida como solución para todo tipo de clientes. Además, como producto de asesoramiento jurídico, a efectos de marketing brinda muchísimas posibilidades de explotación tanto desde la vertiente de captación como desde la de fidelización. Una herramienta increíble que permite el desarrollo del cliente (ganar/crecer en cuota de cliente) con un ciclo de vida como producto en constante regeneración, lo que obliga al abogado (prestatario del servicio) a volcarse de lleno en satisfacer/descubrir las necesidades del cliente y en tener que adaptarse a un permanentemente proceso de evolución.

Tal vez desde la faceta marketiniana de la iguala como producto todo se resuma a una mera cuestión de expectativas (ver http://www.microsoft.com/business/es-es/content/paginas/article.aspx?cbcid=491# ). Pues en base a ello, ambas partes del contrato son respectivamente acreedoras –podríamos decir que a título de cliente- de ciertas expectativas, jurídicamente razonables y fundadas precisamente en esa necesaria concreción contractual, que a la postre se traducirá en una mayor cota de seguridad jurídica negocial.

Esta necesidad de concreción contractual en la iguala sin embargo se ve desplazada en muchos casos, y como veníamos diciendo, por la casi inevitable guerra de precios. Así, ocurre que la definición del objeto de la prestación del servicio se relaja dejando entreabiertos sombríos postigos de incertidumbre y de potenciales conflictos, con tal de facilitar la captación y/o retención del codiciado y -cada día más- complicado cliente. Nos referimos a inexactitudes y redacciones contractuales laxas, principalmente en cuanto al alcance y extensión de los servicios y trabajos cubiertos por la iguala, que si bien permiten al despacho mejorar aparentemente la oferta frente a los competidores, a cambio supone una encerrona al hipotecar los siempre escasos recursos humanos, intelectuales y materiales del despacho al tener que garantizar al cliente la prestación de unos servicios dudosos en su definición, insostenibles en su prestación, discutibles en su rentabilidad y conflictivos en su negación. Sin lugar a dudas se trata de una auténtica jaula de oro para el despacho..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>